domingo, 11 de noviembre de 2007

CORRESPONDENCIA




LA CARTA QUE LE DEJO SERGIO A LAURA

Querida Laura:
Cuando llegues a leer esta carta yo ya estaré en un recinto lejano donde se recibe solamente a los seres divinos, porque, te debo confesar, he dejado de ser un tipo. Ahora soy un Santo. Con barba blanca y todo. Con túnica y aureola dorada. Llevo en mi mano derecha una lanza para luchar contra el mal y siempre voy pisando víboras, renacuajos y todo tipo de bichos molestos, monstruosos, feos y malos. Ya he posado para un pintor frustrado, el que me retrató bastante bien para que su pintura sea reproducida para las estampitas. Vieras que lindo luzco con fondo azul, estrellitas y angelitos revoloteando alrededor de mi imagen irradiando luz y paz divina. Una vez que las estampitas salgan de la imprenta te enviaré algunas para que tengas y repartas entre la gente querida. Seguramente ya te darán alguna cuando viajes en el tren o en el subte alguno de esos chicos ricos de pobreza y pobres de limpieza que nos promocionan tanto a nosotros, a los que aparecemos en imágenes religiosas.
No me preguntes cómo llegué a esto. Ni yo lo sé. Lo importante es que me siento bien por varios motivos: primero, porque ya no dependo de ninguna oficina, ni de ningún teléfono celular, ni de ninguna computadora, ni de ninguna tarjeta de crédito, ni de ningún banco, ni de ningún préstamo personal o hipotecario. Segundo, porque hago lo que realmente se me canta sin culpas, no le tengo que pedir permiso a nadie ni tengo que andar todo el Santo día dando explicaciones de porque así esto o aquello. Ya no veo más televisión ni escucho radio. No leo más los diarios ni las revistas de actualidad que tanto me preocupaban cuando no las conseguía a tiempo. Ahora me doy el gusto de escuchar la música que más me gusta y sin tener que andar con el molesto discman. Me doy todos los gustos viendo todas las películas que yo quería ver y que por razones de tiempo o, porque no eran de tu agrado, nunca podía ver. También tengo todo el tiempo para leer a mis autores favoritos y sus obras completas. Y como si todo esto fuera poco me doy el lujo de tener las mejores amantes, los mejores bocados y las mejores bebidas. Tengo que reconocer que ya no necesito del dinero. Aquí hay de todo y nadie roba ni se vuelve loco por que no le cierran los números. Realmente reina la paz . Además me hace bien para la autoestima porque de pronto veo gente que se me arrodilla cuando me ven caminando por ahí. Los bendigo y se van contentos y con alegría. Ni que hablar cuando tenga las estampitas; me emociona el solo pensar mi imágen adentro de una billetera o portadocumentos en la cartera de la dama o en el bolsillo del caballero, o sobre la mesita de luz de alguna abuela.
Seguramente querrás venir a visitarme. Todavía no te puedo prometer nada, pero cuando me beatifiquen ya te voy a mandar la dirección de la iglesia que tendrá en algún altarcito mi imagen. Mientras tanto seguí creyendo en mí. Y si tenés algún pecado difícil de borrar veremos después como lo podremos blanquear. Desde aquí se puede arreglar todo. No te preocupes. Tené fe. Yo te voy a ayudar. Te bendigo. Hasta muy pronto.

Por ahora, Sergio.


Ah, me olvidaba: la semana que viene empiezan a distribuir en todas las iglesias botellas con agua bendecida por mí, como te darás cuenta es imposible que yo haya podido bendecir miles y miles de botellas de agua mineral, pero es un buen negocio para los que nos representan allí en la Tierra. Ellos también tienen que comer. Por favor no se te ocurra comentar nada de esto a nadie y menos al ciertos periodistas de la izquierda que siempre nos tiran a matar.

jueves, 8 de noviembre de 2007

DE LA NOCHE A LA MAÑANA

Foto: Alejandra Merello

Esas noches sin tiempo

de relojes descogotados

de papeles sueltos en la mesa

y tu pelo en mi tinta

y tu cuerpo en mi letra y tu saliva en tantas hojas

y vos que dormís sin saberlo

Ya no hay fósforos

en la fría noche que se pianta

se agotó gota a gota la pirada

y es tiempo de mates

Acuesto la estufa en el piso

y sobre su calor

apoyo la pava,

agua caliente,

vos hecha poesía,

mates amargos.

Junio de no sé qué día.


domingo, 4 de noviembre de 2007

PASADOS

Foto: Alejandra Merello

alguna vez me sentí así, como esa silla,
arrumbado, en un vértice enmohecido,
mientras los relojes seguían su rítmica costumbre
y el óxido se deslizaba por mi osamenta.

sólo una gota perforaba el silencio.

baldosas cubiertas de polvo que el recuerdo ya no abraza.

quise dibujar con mis dedos en la pared descascarada
y sólo logré hacer caer pedacitos de tu lila tan soñado.

hoy solo sombras se han apoderado de nuestras camas.
y esa puerta no se abre hacia ningún retorno.

sábado, 13 de octubre de 2007

MIS COMPAÑEROS DE TRABAJO




Mis compañeros de trabajo no hicieron ningún comentario sobre los 40 años de la muerte del "Che", tampoco dijeron nada acerca de la condena perpetua a Von Wernich ni jamás se pronunciaron sobre la desaparición de Julio López.
En cambio sí mis compañeros de trabajo se la pasaron hablando del pete que hace Wanda Nara en un video por Internet, de si Boca va a desplazar a Independiente de la punta, de quien va a ser el próximo en abandonar la casa de Gran Hermano o como anduvo patinando por un sueño la noche anterior con Tinelli. También dedicaron como siempre el espacio al mercado de las zapatillas más caras, los televisores más caros, los celulares más caros y de cómo hacer guita sin laburar. Se comentaron además entre ellos los números ganadores de las quinielas matutina, vespertina y nocturna. El momento político-social se lo consagraron, como ya es habitual, a como eliminar a los bolivianos, peruanos y paraguayos de una buena vez por todas no dejando de hacer la diaria invocación de que aquí hace falta mano dura matando a cuanto cartonero, piquetero, linyera, gay, puta o mocoso drogado que aparezca por las calles de Buenos Aires.

Evidentemente mis compañeros de trabajo tienen muchos más motivos de preocupación que yo.

¿DÍA DE LA RAZA? ¿FESTEJO?

Foto: Liliana Maresca




¿Qué día?
¿Qué raza?
¿Qué festejo?

La fiesta de los depredadores.
Los comienzos de la devastación y el genocidio en estas tierras.
Hasta que llegaron ellos el paraíso quedaba aquí.

ENCUENTROS CON VALERIA




Lo que más me gusta de Valeria cuando nos encontramos es cómo toma el café. Su particular forma de jugar con la cucharita, revolviéndolo varias veces mientras se mira a sí misma frente a un espejito y se restrega el pelo sin dejar de hacer comentarios sobre su tía Emma y sus amigas. Siempre busca sentarse cerca de algún lugar que le permita verse a sí misma para retocarse. Cuando llego al bar ella está esperándome. Elije justo la mesa que se encuentra en el medio del salón porque está ubicada al lado de una columna revestida de desgastados espejos por sus cuatro lados. Yo prefiero las mesas que se encuentran junto a los ventanales que dan a la calle, me parecen más espaciosas, más ventiladas. Sin embargo su obsesión por observarse a cada instante es más fuerte aunque no se sienta cómoda. La encuentro en plena ceremonia de revolver la tacita. Le traen dos sobrecitos de azúcar, pero ella no los usa, los detesta; prefiere los terrones, pero como éstos se encuentran en vías de extinción, prefiere tomar el café amargo. Una vez me confesó que le gustaban más los terrones pues gozaba chupándolos, como cuando de niña le daban la Sabín oral. Lo cierto es que disfruto de todas esas cosas que hace Valeria frente a mí, mientras me pone al tanto una vez más de las últimas andanzas de su tía y luego del panorama general de sus amigas y compañeras de trabajo, cosas que no me interesan, aprovechando ese espacio de tiempo de su monólogo para mirar de reojo hacia uno de los espejos de la columna donde veo una vez más reflejados aquellos días en que mi viejo me llevaba a los encuentros con sus amigos en el viejo café de la Avenida Forest y Jorge Newbery, allá por Chacarita.

Entonces me acuerdo de aquellas mesas de madera, a las cuales se sentaban Ricardo, Juan, el gallego Manolo, Raúl Truchuelo y junto a él mi viejo que, a la vez, me hacía sentar sobre una de sus piernas. Casi todos pedían café, salvo Raúl Truchuelo que ordenaba su Cinzano con troilet y todo. A mí me daban a elegir: Bidú o Coca, yo pedía Bidú, no porque me gustara sino porque me caía simpático el nombre y además me quedaba con la chapita que no era tan fácil de tener como las de la Coca una vez que el mozo la destapaba, sinó Truchuelo la agarraba con sus grandes manos y enfervorizado con lo que decía, la doblaba y la tiraba sobre la mesa mientras también tomaba algunos maníes sin pelar para acompañar el aperitivo. Después de tomarme la Bidú me bajaba de la pierna del viejo y me iba a jugar con el gato que deambulaba de mesa en mesa, al que a veces le daba algunos maníes que se le saltaban a Truchuelo, quien me guiñaba un ojo en señal de picardía.

Valeria, entretanto, termina de hablar y se toma el café ya frío, de un solo trago.
Ambos miramos nuestros respectivos relojes. Ya es hora de irnos. Entonces nos despedimos hasta el martes que viene, a las seis de la tarde, religiosamente. Llamo al mozo para pagarle y ella en ese instante como lo hace desde que iniciamos estos extraños encuentros, se da cuenta de que no consumí nada. El mozo ya ni se molesta en preguntarme si voy a tomar algo. Él ya sabe a qué vamos.

A Valeria le sirve para decir lo que a nadie le va a interesar escuchar, a mí para verla como toma el café y hace esos movimientos tan originales con la cucharita, con su pelo, con sus ojos y su cabeza toda y de paso puedo viajar hacia aquellos días de mi infancia que nunca olvidaré, nunca olvidaré. En el encuentro de la semana que viene tal vez me remonte a la casa de mi tía Alcira en Chivilcoy. El martes que viene. A las seis de la tarde.

lunes, 8 de octubre de 2007

MI CHE


Mi Che.
Recuerdo ese día.
Yo tenía 15 años.
Era muy pendejo todavía.
Pero esa foto en primera plana de los diarios.
Esa foto.
Ese cadáver.
Esos ojos abiertos.
Esa mirada muerta pero viva.
En el 73 pude comprarme su "Diario en Bolivia"
Jamás me despegué de él.
Ni la dictadura pudo sacármelo.
Me pregunté cuantos Che necesitaríamos.
Esa mirada sigue viva.
"No nos vimos nunca", dijo Cortázar,
Yo lo sigo viendo todos los días.
Su mirada muerta pero viva
me dice tántas cosas.
Mi Che.